4 de junio de 2007

Sacos de yeso

Hace mucho tiempo que no escribo ninguna entrada en el blog principalmente por temas laborales varios. Pero ahora que he vuelto debo de escribir una entrada sobre un concepto que vengo barajando hace cosa de un año: los sacos de yeso.

Supongamos el siguiente contexto:

Estás en clase en una de esas asignaturas en las que por narices hay que formar grupos de trabajo para aprobarla. Los compañeros con los que sueles formar pareja no están en esa asignatura por alguna razón, o bien no se han matriculado o ya la han aprobado. No conoces a nadie, pero el resto de la gente se conoce entre sí y ya han formado grupos. Miras a tu alrededor y únicamente conoces a una persona, la cual conoces de otras asignaturas o de haber hablado con ella ocasionalmente. Puesto que no hay nada donde elegir, decides comentarle la posibilidad de formar un grupo de trabajo. Este individuo al estar en la misma tesitura que tú acepta, intercambiais los correos, números de teléfono, etc. para manteneros en contacto.


Todo es aparentemente normal, aparentemente... El primer día que toca hacer algo notas que a la hora de plantear los problemas y/o las soluciones únicamente hablas tú. Será tímido el individuo, piensas. Se plantean más problemas en la pizarra que hay que resolver, en cambio tu compañero no parece estresarse lo más mínimo. Una bestia parda de la resolución ingenieril debe de ser este individuo piensas con cierto orgullo.

En los días sucesivos notas como esta tendencia es más y más marcada. El trabajo se acumula, y los problemas no se resuelven mientras tu compañero se reclina plácidamente en su silla, a la vez que atiende diferentes llamadas telefónicas ajenas al entorno laboral. Cuando le comentas ciertas soluciones adoptadas se limita a responder con un "mientras funcione está bien". Aquí hay gato encerrado.

Te has encontrado con un problema, tratas de resolverlo, las variables no parecen funcionar como tú lo esperabas y los resultados son contradictorios. Comentas a tu compañero que si ve algún error, éste rota su pelvis 45º hasta alcanzar una postura ergonómica y comienza a analizar la solución. Tras algo así como 37 segundos señala en la pantalla lo que puede ser el problema. Pero en lugar de responder con la solución dice "pues no veo nada raro", tras lo cual su pelvis vuelve a rotar 45 en sentido opuesto al monitor. Cuando vuelves a intentar pensar en el problema, de pronto ¡pum! se incorpora súbitamente y te señala una porción del monitor, y te dice "esto de aquí es lo que falla". Sobresaltado por tanta presteza, miras la zona señalada. Parpadeas incrédulo. Lo que te ha señalado es parte esencial, se dijo el primer día de clase, lo copiaste directamente de los apuntes y el profesor lo repite cada 17 minutos. Comienza a asomar la congoja en tu hemisferio izquierdo.

El trabajo se te acumula, diferentes proyectos requieren tu atención, por lo que pides a tu compañero que se ocupe parcialmente de vuestro trabajo en común. Se lo envías todo y le comentas que te mande por correo lo que tenga para mantenerte informado. Te comenta que en tres días te manda las modificaciones para que puedas seguir. Excelente técnica en la teoría. No solo pasan los tres días sin noticias suyas, sino que cuando ya te decides a llamarle a ver qué ha pasado no eres capaz de localizarle. Cuando consigues localizarle, oyes que debe de encontrarse en alguna especie de taberna de esas que sirven la cerveza por litros. Le preguntas que cómo va el trabajo y te dice que ha estado muy ocupado, pero que va bien, mañana por la mañana te lo manda. Pensando que eres un desconfiado te vas a dormir. Falta menos para la entrega del proyecto.

A la mañana siguiente miras el correo, pero no hay nada. Esperas media hora y vuelves a mirarlo pero sigue sin haber nada. Le escribes un correo para ver qué es lo que ocurre, pero antes de que pulses el botón enviar ya tienes en tu bandeja de entrada un correito. Lo abres y lees "esto es lo que he hecho". Todo dispuesto bajas la información, te dispones a leer y observas que no ha hecho nada. Y no solo no ha hecho nada, sino que lo poco que ha hecho está mal. Pero no mal de errores humanos sino que: las ideas están mal, nada tiene que ver con lo que se pide, está mal redactado, no sigue el formato que se dijo en un principio, empeora la solución... Te caen gotas de sudor por la frente, quedan 15 días para entregarlo. No solo no ha hecho nada, sino que ahora te tocará modificar todo lo que ha hecho mal.

Queda muy poco para la entrega final, estás hasta arriba de trabajo, pero no hasta arriba: es que desbordas. Has entrado en la etapa de aislamiento del mundo, en la que lo único que puedes hacer es trabajar y trabajar. Quedas desesperado con tu compañero esperando que participe en la resolución del proyecto y ¿qué te encuentras? No puede quedar tiene muchas cosas que hacer. Pero serás hijo de... Pero haz algo no me jodas. Que está muy liado que no puede hacer nada del proyecto, que te encargues tú que luego sigue. ¡Pero si quedan dos días para entregar qué coño va a seguir! Joder no quieres suspender por esa puta mierda de proyecto que hace tiempo que tenía que haberse terminado. Pasas dos noches muy largas en las que te inyectas el café en vena y al final consigues que algo funcione. Ya no puedes mas, lo que esté hecho, hecho está.

Imprimes los documentos, preparas todo para la entrega y no sabes nada de tu compañero. El mismo día de la entrega, una hora antes aparece. No solo es que aparezca, es que te dice: ¿funciona ya? Pero serás hijo de... virgen puta... mecagüen toda tu... En ese momento es cuando te dan ganas de llamar a Johnny Piernas Largas y Tony Labios Sellados para que le hagan un visita. En lugar de ello intentas contenerte un poco porque de lo contrario le darías tal hostiazo con el canto de la mano que el oído le estaría pitando tres meses a 3 Ghz.

El caso es que al final has aprobado el trabajo y el examen de la asignatura. Estás feliz y contento y en ese momento te acuerdas de tu compañero. ¿Qué coño habrá sacado? Echas un vistazo y no te lo puedes creer, ha sacado más nota que tú. Entonces te das cuenta de lo puta que es la vida y lo irónica que puede llegar a ser.


Bien esto nos ha ocurrido a más de uno. Pero tras esta parrafada se oculta el concepto del saco de yeso. Este compañero es un saco de yeso. ¿Por qué?. Sencillo de responder.

Imaginémonos que te dispones a hacer un programa de vital importancia para la empresa y te colocan en la silla de al lado un saco de yeso. Cuando tienes un error el saco de yeso está, pero no ayuda. Cuando pides opinión el saco de yeso está, pero no opina. Cuando pides apoyo intelectual el saco de yeso se apoya, pero no piensa. Y no solamente esto si no que siempre acabará llenando todo el ambiente de polvo y hará el trabajo un sufrimiento. Porque no solamente tendrás que llevarle a cuestas allí donde vayas, sino que acabarás sufriendo problemas por inhalar tanto yeso. Te darían ganas de meterlo en agua un buen rato pero necesitas un compañero.

1 comentario:

Daniel dijo...

...priceless...

Ahora mismo es lo único que puedo decir antes de que la furia asesina aparezca en escena. Quede este post como bonita explicación de este problema que sufrimos habitualmente.